Tae es, en coreano, pie, Kwon significa puño y Do equivale a camino, espíritu, método. Taekwondo sería, pues, traducido literalmente, el método de defensa con pies y manos, el arte de utilizar con la máxima eficacia cualquier parte de nuestro cuerpo capaz de servir como arma, sobre todo con las manos y los pies. También, ya que su práctica regular proporciona un desarrollo armonioso, una resistencia y una agilidad máximas. El Taekwondo puede considerarse como un deporte. Autodefensa y deporte constituyen hoy los dos aspectos prácticos que definen a este antiquísimo arte marcial coreano.

Pero, por debajo de su apariencia externa, por debajo de esa eficiencia física, el Taekwondo es también y, sobre todo, una vía de perfeccionamiento para el espíritu. Los antiguos lo distinguían como el arte marcial del sabio, y efectivamente, en su fin último, el Taekwondo busca la plenitud total del hombre: Un cuerpo sano en armonía con un espíritu limpio y generoso.

Y no son palabras vacías. No inicies nunca tú el ataque es algo que el alumno empieza a grabar en su mente desde el primer instante en que se le pone el cinturón blanco.

Después, día a día a medida que va endureciendo sus manos y adiestrando sus músculos, una disciplina más férrea y más dura que el entrenamiento físico se va imponiendo en él, el autocontrol total de su espíritu. Y es algo que contrasta con la práctica de otras artes marciales. Efectivamente, para el espectador no avezado una clase puede resultar paradójica, porque lo que se enseña y lo que se aprende es a no golpear, a detener el pie o el puño a unos milímetros del contrario, a marcar, a contenerse, a ser dueño, en cada segundo de sí mismo.

Alcanzar al contrario es más que un fallo, es un deshonor; la cólera un delito; la violencia desatada, la agresividad in contenida es una condenación a salir del dojang para siempre: Déjalo ir, te dirá tu Maestro, No sigue el do, no está en nuestro camino".

¿El resultado? Generosidad, ecuanimidad, humildad, presencia de ánimo constante. Nunca veréis a un Maestro exhibir sus poderes fuera del doyang, nunca lo veréis ofender a nadie, ni comenzar la violencia. La mano capaz de partir la piedra es también la mano más capaz de abrirse hacia otra mano. Con franqueza, con firmeza, con una entrega total y para siempre. Porque es una mano sin miedo.

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